La fantasía de un arte con mucha planta

Dinosaurios, dragones, héroes de la mitología clásica y locomotoras de época comparten espacio en este parque botánico único en Europa

En plena naturaleza es posible encontrar un rincón en la región donde la fantasía tiene una plaza fuerte, gracias a la ilusión y el esfuerzo de un amante español de la poda: Juan Antonio Pizarraya. Este sevillano ha hipotecado su futuro en un proyecto personal que le ha llevado a erigir un jardín botánico, en una superficie de 25.000 metros cuadrados, con más de quinientas especies de todo el mundo, que además —de ahí su originalidad— alberga 320 esculturas vivas realizadas con plantas. Juan Antonio reunió el dinero necesario para comprar una finca que albergaba con anterioridad viñedos, para lo que vendió su casa de Madrid y un apartamento que tenía en la playa. Para llegar al único parque temático de esta naturaleza en Europa, es preciso ascender 900 metros por el cerro de Guisando, un monte contiguo a la Ermita de la Sangre, en la localidad de San Martín de Valdeiglesias.

Este recinto peculiar toma el nombre de «El Bosque Encantado» y está estructurado en áreas temáticas, «para hacerlo todo más sencillo», indica el podador ornamental. El carácter de las esculturas vivas está vinculado a la sección donde quedan emplazadas.

Saludan al visitante, cuando inicia el paseo por el parque, un torero haciendo un pase de capote a un berraco. El mundo brumoso poblado por duendes, gnomos y hadas se hace visible cuando el viajero transita por los senderos trazados en el «Monte de los duendes». Los personajes de los cuentos de los hermanos Grimm que universalizó, pasados por su tamiz,  Disney, tienen un rincón destacado en el parque. Entre ellos, sobresale la figura  de Blancanieves —tiene marcado hasta los pliegues del vestido—, escoltada por los siete enanitos. Rómulo y Remo flanquean la entrada al universo de la mitología, que lo vivifican  el unicornio, el  pegaso, el monstruo del Lago Ness y la estrella del recinto: el dragón. «Es la obra más vistosa y cuya ejecución tiene mayor complejidad», señala Pizarraya. A pesar de ello, no es la preferida del dueño del parque. Este puesto honorífico se lo otorga a «La calesa de los enamorados», obra en la que un cochero dirige una calesa, tirada por dos caballos,  que transporta a dos amantes en actitud cariñosa; «todos los aspectos están cuidados con mucho detalle», razona. Dinosaurios casi a tamaño real, motos Harleys, bandas de música, caballeros medievales, animales salvajes, artilleros británicos de las guerras napoleónicas y muchos más acompañan al visitante en su recorrido por el parque.

El recinto abrió sus puertas el pasado  16 de julio y ya han franqueado su entrada más de 3.000 personas, según datos que ha facilitado el propio director del parque. «El Bosque Encantado» abre únicamente de jueves a domingo.

Atmósfera envolvente
El parque temático también alberga un laberinto, exposiciones de cactus, bonsáis, y un rincón perfumado gracias a los aromas que desprenden las plantas de tomillo, orégano, lavanda y romero instaladas en él. Es audible el murmullo del arroyo que transita por el jardín que en su recorrido se deja caer por una de las pocas cascadas naturales de la sierra oeste, la de Barbedillo. Las melodías étnicas acentúan el idílico entorno aunque, dependiendo del día, otros sonidos ambientes como la música  clásica, el chill out o el new age también aclimatan la atmósfera. Esta decisión estriba en «tratar de crear un ambiente de paz y sosiego que inviten a la contemplación, la reflexión y el relajamiento», explica Pizarraya. Para realizar una obra de esta naturaleza primero hay que construir con hierro y alambre la estructura. «Es la escultura propiamente dicha», advierte. A continuación, se rellena con «ligustrum jonandrum», una planta idónea para el arte topiario, ya que se adapta tanto al frío como al calor y además crece con rapidez. «El vegetal poco a poco se va enredando alrededor de la pieza de metal mientras los brotes vuelven a multiplicarse por debajo, llenando todo el espacio en un año y medio».

«Eduardo Manostijeras»
La película de Tim Burton «Eduardo Manostijeras» asentó en la mente del espectador las figuras que el protagonista del film realizaba a partir de arbustos. El director americano está considerado uno de los más imaginativos, pero no fue novedoso en este punto, ya que estas esculturas se realizaban desde hacía mucho tiempo. Domeñar la naturaleza para convertirla en arte es una tarea que la humanidad la lleva consolidando desde las épocas más antiguas. Fueron los romanos los que asentaron el arte topiario —así es cómo se conoce esta disciplina— que consiste en realizar esculturas de formas variables con las plantas. En el Renacimiento, Italia cogió el testigo de sus ancestros. En los siglos XVIII y XIX fueron los jardines versallescos los que ubicaron en Francia las mejores obras. Asimismo, los jardines japoneses y sus bonsáis son la muestra de cómo el patrón oriental a perfilado este arte.

Pizarraya confiesa que se emocionó con la cinta, pero esta reacción no dio pie a que se iniciará con esta disciplina, pues él ya la practicaba desde hace años; «eso sí, me llevó a aplicarme mucho más», señala. El conocido como el «Eduardo Manostijeras» español debutó en la poda ornamental con la realización de esculturas de patos y delfines, obras que están expuestas en el parque.

La mayoría de las 320 esculturas del recinto no son obras suyas, ya que Pizarraya sólo ha construido 55. «Propongo ideas, plasmadas en dibujos, a otros artistas europeos —en su mayoría holandeses, alemanes, italianos e ingleses— y ellos se encargan de confeccionar la estructura». Luego, el podador español compra las piezas y, eso sí, las rellena con la planta. Cada pieza supone tres años de trabajo. Las esculturas necesitan arreglos cada diez días. «Lo suyo es podarlo con tijeras pero no abarcamos con todo, por ello se hace con podadora eléctrica». Siete personas son las encargadas de cuidar el jardín. Una de ellas se dedica en exclusiva a cuidar de los bonsáis, por el trabajo especial que requieren. «Necesitan cuidados diarios pues la tierra que los nutre siempre debe estar húmeda», precisa.

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