Ser mod de los ochenta. Auge y caída de la primera ola en Madrid

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Vítores, aplausos y besos abrigaban el pasado julio a Bradley Wiggins cuando hizo sonar para el ciclismo por vez primera el himno God Save The Queen en los parisinos Campos Elíseos. Enfundado en el maillot amarillo, prenda distintiva de los campeones del Tour de Francia, bruñía sonrisa y recibía parabienes cebando el orgullo más telúrico de los británicos. No sólo de ellos. Días más tarde el universo mod se hizo eco de que uno de los suyos se había catapultado, a fuerza de martillar pedales, a la cima mundial de uno de los deportes más duros y exigentes que ha ideado el ser humano. La sorpresa no fue tan mayúscula. Los mods ingleses iniciaron su relación con el ciclismo cuando en la década de los ochenta adoptaron el maillot como una prenda más de su vestuario.

Seguir leyendo en FronteraD (publicado 16/05/2013)

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Derby madrileño en la final de Copa 1960 y 1961

En 1903 las autoridades deportivas españolas decidieron crear una competición nacional de fútbol que juntara anualmente a los mejores equipos del país en un torneo disputado bajo el formato de eliminatorias directas al que llamaron Campeonato de España y, que años más tarde, pasó a denominarse la Copa del Rey. Este torneo se convirtió instantáneamente en el más prestigioso que se celebraba en España, condición que mantuvo tal vigencia hasta que en 1928 se creara la Liga.

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Modric encauza el camino a la décima del Madrid

El Real Madrid cumple la machada de pasar a cuartos de la Champions League dejando una resaca de tintes agridulces entre la parroquia blanca. A pesar de la proeza en Old Trafford, el equipo no ha dejado entrever superioridad alguna hasta gozar de ventaja numérica debido a la expulsión de Nani por juego peligroso con contacto; acción que se traduce por patada al pecho, sin posibilidad de jugar el balón, validada con la tarjeta roja. La excusa es que el jugador portugués no estaba pendiente de la llegada de Arbeloa y el choque, bien es cierto, es fortuito.

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El Bernabéu acelera el ocaso del Barcelona

Apenas tres temporadas atrás cuando José Mourinho aterrizó en el Real Madrid, el Fútbol Club Barcelona era un rival al que el madrí no lograba hacerle sombra. Todos los enfrentamientos entre los dos clubes dirigían al aficionado merengue, humillaciones mediante, a forzarlo a reconocer que su equipo no podía arrostrar con mínima esperanza un lance con el eterno rival. A pesar de saldar su primer duelo en clamorosa derrota en la temporada 2010-11, los hombres comandados por The special one en la final de copa celebrada en Valencia hicieron valer una historia que por años estuvo sumergida mientras el Real Madrid se resignaba prácticamente a ser un cómodo sparring del Barça en sus duelos directos. El madrí, mutado en segundón, fijó en esa fecha el golpe de autoestima que marcó el punto de inflexión de un recorrido que cristalizó en la semifinal de copa disputado en el Camp Nou el martes pasado.

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Ser becario

La vida del becario periodista es rara. Cumples un horario, realizas labores propias de un empleado, siempre que la beca sea útil, eso sí, sin su responsabilidad y a cambio recibes un salario por debajo del mínimo exigido. Y encima, a día de hoy, no hay esperanza de conseguir un puesto, a lo más colaborador.

Por todo ello, tu futuro se reduce a aferrarte a lo que tienes, menos es nada, y esperar a que alguien se indisponga, se traslade o surja, por arte de birlibirloque, un puesto en la empresa donde ubicarte.

La filosofía por la que tienes que guiarte es la de no pensar cuanto falta; simplemente sacar provecho de lo que tienes, pluriemplearte si es que tus padres no te respaldan económicamente, y esperar agazapado y atento a la mínima posibilidad para abalanzarte sobre la presa codiciada.

Practicar, practicar y practicar es la fórmula del aprendizaje. Hay que rodar para que la maquinaria no reviente si es que ésta carece de experiencia. A pesar de la desazón comprensible hay que ser duro con uno mismo. No conformarte, no cumplir sólo sino añadir a tu obra un plus de exigencia para llegar a ser cada vez más competente.

… aunque  la espera a veces desespera.

El nombre

Bartebly es el protagonista de un relato escrito por Herman Melville, autor de Moby Dick. Su oficio es escribiente, a eso se dedica en exclusiva ya que cuando se le requiere para otra labor siempre responde con un lacónico “preferiría no hacerlo”, y de facto, nunca lo hace.

La relación que existe entre el personaje y yo espero, deseo y confío sea pasajera. La crisis económica golpea con más dureza a los sectores más débiles y uno de ellos, debido a la dificultad de contratar publicidad, es el de los medios de comunicación escritos.

Tras más de dos años trabajando en tres diarios, con un contrato en prácticas, he decidido no probar en nuevos destinos, pues a causa de la situación actual es seguro que el final volverá a ser el mismo: se acaban las prácticas y no te contratan. “Preferiría no hacerlo” responde a una actitud, perezosa no lo niego. Pero cuando ya te advierten desde arriba que conseguir un puesto fijo en una redacción es a día de hoy más complicado que sobrevivir a una epopeya homérica, prefiero la comodidad, tanto en el estipendio como en la cercanía a mi domicilio, que me ofrece el trabajo donde estoy actualmente. Sólo queda esperar a que escampe la tormenta y entonces arrostrar el objetivo: ser redactor de un diario nacional. Eso sí, hasta que la ventisca amaine no pretendo descuidar mi formación.