Muere Marcelino Camacho

La muerte es un imperativo que a todo ser material alcanza. Fintarla, esquivarla, eludirla, engañarla es tarea imposible incluso para aquél cuya recorrido por la vida estuvo acechado por este principio absoluto.

Marcelino Camacho Abad vivió nonagenario en un piso de 60 metros cuadrados, en el popular barrio de Carabanchel, sin renegar jamás a sus convicciones sociales y políticas; creencias que dirigieron su justificación existencial. Su vida, como la de los artistas, se confunde con su obra. Deja mujer, hijos, nietos, amigos…y el reconocimiento generalizado de su honestidad, por parte de sus correligionarios y por aquellos que representan sus antípodas políticas.

“Toda su vida sería un trabajador que considera que el mundo no está bien hecho. Es decir, que no está hecho a la medida de los débiles”. Prólogo de Confieso que he luchado. Manuel Vázquez Montalbán.

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Grizzly Man

El autor del film es Werner Herzog, director de películas tan inquietantes como “Aguirre, la cólera de Dios” o   “Fitzcarraldo”. En este documental muestra cómo llega un individuo a automarginarse  a causa de las  grandes carencias de relación que tiene con su entorno. Esta situación provoca que acabe rechazando a la sociedad al creerse rechazado por ella.

El protagonista, psíquicamente enfermo, quiere imaginarse que puede relacionarse con osos Grizzlys. Abandona todo, pasando varios veranos en una reserva de estos animales. Se acerca imprudente a ellos, les habla, cree que le entienden, figura un afecto recíproco…, hasta que un día es devorado junto a su compañera sentimental por uno de sus “amigos” animales. Herzog recopiló todo el material que el propio protagonista filmó durante sus estancias en la reserva y, apoyado con entrevistas realizadas a personas que conocían al sujeto, compuso el documental.

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Evo

No he podido negarme a inaugurar mi sección de fútbol con el siguiente video:

 

Evo Morales sufre una dura entrada de un rival durante un partido amistoso de fútbol. La respuesta no se dilata: una coz en las partes nobles que desnorta al jugador contrario. La acción innoble no es sancionada por el adocenado árbitro. El trencilla expulsa a dos jugadores; ninguno de ellos era el presidente.

El dirigente boliviano es de sangre caliente. Virtud o defecto característico de esa parte de la humanidad que ha sido nutrida en la “cultura latina”, y a la que el esclarecido indio aimara pertenece. Cuando la sangre bulle no hay flema que contenga ese impulso veraz, fugaz y, aun así,  siempre censurable.

Ser becario

La vida del becario periodista es rara. Cumples un horario, realizas labores propias de un empleado, siempre que la beca sea útil, eso sí, sin su responsabilidad y a cambio recibes un salario por debajo del mínimo exigido. Y encima, a día de hoy, no hay esperanza de conseguir un puesto, a lo más colaborador.

Por todo ello, tu futuro se reduce a aferrarte a lo que tienes, menos es nada, y esperar a que alguien se indisponga, se traslade o surja, por arte de birlibirloque, un puesto en la empresa donde ubicarte.

La filosofía por la que tienes que guiarte es la de no pensar cuanto falta; simplemente sacar provecho de lo que tienes, pluriemplearte si es que tus padres no te respaldan económicamente, y esperar agazapado y atento a la mínima posibilidad para abalanzarte sobre la presa codiciada.

Practicar, practicar y practicar es la fórmula del aprendizaje. Hay que rodar para que la maquinaria no reviente si es que ésta carece de experiencia. A pesar de la desazón comprensible hay que ser duro con uno mismo. No conformarte, no cumplir sólo sino añadir a tu obra un plus de exigencia para llegar a ser cada vez más competente.

… aunque  la espera a veces desespera.

El nombre

Bartebly es el protagonista de un relato escrito por Herman Melville, autor de Moby Dick. Su oficio es escribiente, a eso se dedica en exclusiva ya que cuando se le requiere para otra labor siempre responde con un lacónico “preferiría no hacerlo”, y de facto, nunca lo hace.

La relación que existe entre el personaje y yo espero, deseo y confío sea pasajera. La crisis económica golpea con más dureza a los sectores más débiles y uno de ellos, debido a la dificultad de contratar publicidad, es el de los medios de comunicación escritos.

Tras más de dos años trabajando en tres diarios, con un contrato en prácticas, he decidido no probar en nuevos destinos, pues a causa de la situación actual es seguro que el final volverá a ser el mismo: se acaban las prácticas y no te contratan. “Preferiría no hacerlo” responde a una actitud, perezosa no lo niego. Pero cuando ya te advierten desde arriba que conseguir un puesto fijo en una redacción es a día de hoy más complicado que sobrevivir a una epopeya homérica, prefiero la comodidad, tanto en el estipendio como en la cercanía a mi domicilio, que me ofrece el trabajo donde estoy actualmente. Sólo queda esperar a que escampe la tormenta y entonces arrostrar el objetivo: ser redactor de un diario nacional. Eso sí, hasta que la ventisca amaine no pretendo descuidar mi formación.

Prefacio

Creo que cada cuatro segundos se crea uno en el mundo. Entre el maremágnum de blogs que circulan por la red, hoy me dispongo a fletar el mío. No soy ambicioso, sólo lo hago por mero divertimento. En principio no hablaré de mí sino de lo que sucede a mi alrededor, amén de los temas por los que siento mayor predilección. Esto es: cine, fútbol y literatura.

Mi trabajo se sostiene en la escritura por lo que es difícil explicar cómo he tardado tanto en dar este paso pero lo cierto es que ya lo he dado. Más vale tarde que nunca. Con la certeza de que no me voy a hacer famoso ni siquiera llegaré a poder vivir de ello principio este proyecto sin destino ni final prefijado.